EL MINISTERIO DE LA FÉ
La fé es una revelación del Nuevo Testamento; en el Antiguo Testamento prevalece la ley, en tanto que en el Nuevo Testamento surge la revelación de una nueva ley, que es la de la fe. No es que en la época del Antiguo Testamento no existía la fe, sino que estaba se estaba bajo un pacto que debía terminar para que surgiera otro basado en la fe. El Antiguo Testamento estaba basado en el cumplimiento de la ley y el nuevo pacto está basado en la fe en Jesucristo, en el favor de Dios. En el Antiguo Testamento era la justicia de la ley pero en el nuevo pacto, la justicia es por la fe.
No nos salva el cumplimiento de las leyes del Antiguo Testamento sino la fe en Jesucristo. Si buscas en el antiguo pacto encontrarás que la palabra fe aparece tres veces, pero en el nuevo pacto aparece decenas y decenas de veces, porque es allí donde se revela y se muestra. En el Antiguo Testamento se enseña que el justo por la fe vivirá, o sea, se anuncia lo que se va a revelar cuando Cristo viene; y en el Nuevo Testamento se da fe que los que actuaron en la antigüedad, no lo hicieron por obediencia a la ley sino por la fe. Los hechos de los grandes héroes de la fe fueron realizados por causa de ésta. Esto lo defiende el libro de Hebreos en el capítulo 11 cuando dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Quiero tocar algunos aspectos que tienen que ver con este gran misterio, y la verdad que es un misterio ya que la Biblia dice que todo fue hecho por la fe por la palabra de Dios, lo que se ve de lo que no se veía, y lo que es de lo que no era. La fe pues, es un misterio de Dios; a través del poder de ésta, Dios hace existir lo que no existe.
Nosotros obtenemos justicia y somos declarados justos por este misterio de la fe. ¿Quién no ha mentido? Mentir es una de las peores cosas pero todos lo hemos hecho. ¿Quién no ha pecado? ¿Quién no ha infringido la ley?
La fé es ese misterio que nos declara justos siendo injustos, por la fe en el acto del sacrificio de Jesús en la cruz del calvario. ¡La fe no es algo para entender sino que es algo para creerlo y recibirlo! A ti no te importa cómo vas a obtener las bendiciones de Dios, no busques explicación científica, lo que importa es que tengas fe, porque si no tienes fe por más que le trates de explicarlo, no obtendrás las cosas que necesitas.
Leamos Hebreos 11:6: “6Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.
Hay muchos que se acercan a Dios pero lo hacen sin fe; cuando dices: “¿Me escuchará Dios? ¿Me lo dará Dios? ¡Estás frito! Es necesario que el que se acerca a Dios lo haga con fe. ¡Es imposible agradarlo si nos presentamos a Él sin fe!
Santiago 1:5 al 7 dice: “5Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor”.
No creas que recibirás algo de parte de Dios si estás en una posición de duda, de incredulidad, de inseguridad; así no vas a recibir ninguna cosa de parte de Dios. Debemos aprender esto y entender que no solamente no obtenemos lo que pedimos cuando lo hacemos sin fe sino que desagradamos a Dios. El que se presenta a Dios con fe lo agrada, pero si lo haces sin fe lo desagradas. Quien se presenta delante de Dios con incredulidad, dudando, peca. Por lo tanto, no es importante pedirle cosas a Dios sino pedirle con fe. Cuando le pides con fe y obtienes eso que anhelas es porque agradas a Dios, en cambio cuando le pides sin fe pecas delante de Él. ¡Así que toma nota de las cosas que le has pedido a Dios sin fe y pídele perdón! Es muy común que las personas se acerquen dudando y no se den cuenta; creen que son creyentes pero son dudantes, por ejemplo cuando dicen: “Yo me acerco a Dios pero no se si está enojado conmigo”. “Yo oro pero parece que Dios no me escucha”. “Yo no sé qué le pasa a Dios que no me contesta…” ¡Estás pecando con tus palabras! ¡Dios te está oyendo, y no sólo eso sino que también está viendo tu incredulidad!
No nos salva el cumplimiento de las leyes del Antiguo Testamento sino la fe en Jesucristo. Si buscas en el antiguo pacto encontrarás que la palabra fe aparece tres veces, pero en el nuevo pacto aparece decenas y decenas de veces, porque es allí donde se revela y se muestra. En el Antiguo Testamento se enseña que el justo por la fe vivirá, o sea, se anuncia lo que se va a revelar cuando Cristo viene; y en el Nuevo Testamento se da fe que los que actuaron en la antigüedad, no lo hicieron por obediencia a la ley sino por la fe. Los hechos de los grandes héroes de la fe fueron realizados por causa de ésta. Esto lo defiende el libro de Hebreos en el capítulo 11 cuando dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Quiero tocar algunos aspectos que tienen que ver con este gran misterio, y la verdad que es un misterio ya que la Biblia dice que todo fue hecho por la fe por la palabra de Dios, lo que se ve de lo que no se veía, y lo que es de lo que no era. La fe pues, es un misterio de Dios; a través del poder de ésta, Dios hace existir lo que no existe.
Nosotros obtenemos justicia y somos declarados justos por este misterio de la fe. ¿Quién no ha mentido? Mentir es una de las peores cosas pero todos lo hemos hecho. ¿Quién no ha pecado? ¿Quién no ha infringido la ley?
La fé es ese misterio que nos declara justos siendo injustos, por la fe en el acto del sacrificio de Jesús en la cruz del calvario. ¡La fe no es algo para entender sino que es algo para creerlo y recibirlo! A ti no te importa cómo vas a obtener las bendiciones de Dios, no busques explicación científica, lo que importa es que tengas fe, porque si no tienes fe por más que le trates de explicarlo, no obtendrás las cosas que necesitas.
Leamos Hebreos 11:6: “6Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.
Hay muchos que se acercan a Dios pero lo hacen sin fe; cuando dices: “¿Me escuchará Dios? ¿Me lo dará Dios? ¡Estás frito! Es necesario que el que se acerca a Dios lo haga con fe. ¡Es imposible agradarlo si nos presentamos a Él sin fe!
Santiago 1:5 al 7 dice: “5Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor”.
No creas que recibirás algo de parte de Dios si estás en una posición de duda, de incredulidad, de inseguridad; así no vas a recibir ninguna cosa de parte de Dios. Debemos aprender esto y entender que no solamente no obtenemos lo que pedimos cuando lo hacemos sin fe sino que desagradamos a Dios. El que se presenta a Dios con fe lo agrada, pero si lo haces sin fe lo desagradas. Quien se presenta delante de Dios con incredulidad, dudando, peca. Por lo tanto, no es importante pedirle cosas a Dios sino pedirle con fe. Cuando le pides con fe y obtienes eso que anhelas es porque agradas a Dios, en cambio cuando le pides sin fe pecas delante de Él. ¡Así que toma nota de las cosas que le has pedido a Dios sin fe y pídele perdón! Es muy común que las personas se acerquen dudando y no se den cuenta; creen que son creyentes pero son dudantes, por ejemplo cuando dicen: “Yo me acerco a Dios pero no se si está enojado conmigo”. “Yo oro pero parece que Dios no me escucha”. “Yo no sé qué le pasa a Dios que no me contesta…” ¡Estás pecando con tus palabras! ¡Dios te está oyendo, y no sólo eso sino que también está viendo tu incredulidad!
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