LA INSEGURIDAD PUEDE CONDUCIR AL ERROR
La inseguridad puede conducir al error
Pero
si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.
1 Corintios 11:31
El entendimiento es fuente de
vida para el que lo posee, Pero la instrucción de los necios es necedad. Proverbios 16:22
¿Cuántas
veces los creyentes, cuando nos reunimos socialmente con los
incrédulos, sentimos la obligación de probar que somos tan sociables, alegres o
audaces como ellos, o que no somos estereotípicos evangélicos almidonados?
Frecuentemente, por medio de esa actitud revelamos nuestra inseguridad acerca
de cómo somos percibidos por los de afuera, así como nuestra necesidad
compulsiva de aprobación de parte de los demás.
Evidentemente, ese
tipo de inseguridad era un tema recurrente en la psiquis del rey Josafat. Esa
debilidad personal lo inclinaba a tomar decisiones arriesgadas y en última
instancia contraproducentes. En una ocasión, Joram de Israel, un rey impío y
uno de los sucesores del rey Acab, invitó a Josafat a participar con él en una
campaña militar contra el reino de Moab. Interesantemente, la respuesta de
Josafat es inmediata, y muy parecida a la que le había dado a Acab años atrás
cuando este lo invitó a la campaña contra Ramot de Galaad: “Iré, porque yo soy
como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos” (2 Reyes
3:7). Es obvio que había en Josafat algo del hombre un tanto inseguro, ansioso
por probar su hombría y su valor ante los demás.
RESERVAS DE
MISERICORDIA
En
ambos casos, la decisión de Josafat de ir impulsivamente a
la guerra con hombres impíos resulta ser totalmente desastrosa. Su inseguridad
esencial lo ciega a la imprudencia de sus decisiones. Surgen serias
complicaciones durante ambos esfuerzos, y en ambos casos Josafat casi pierde la
vida. Sólo la intervención misericordiosa de Dios, motivada por el corazón
sincero y piadoso de Josafat, impidió que el rey de Judá perdiera la vida como
consecuencia de esas decisiones descabelladas.
Las
experiencias negativas del pasado a veces siembran en nosotros
la semilla de la inseguridad. Un padre que no nos afirmó en la niñez, un
fracaso matrimonial o financiero, un proyecto que no se consumó como
esperábamos, puede marcarnos permanentemente, y lanzarnos al camino de la vida
cojeando, con un gran vacío en el corazón y una poderosa hambre de aprobación
gobernando nuestras decisiones.
Tenemos
que ser honestos con nosotros mismos y pedirle introspección a
Dios para discernir esas fallas secretas en nuestro carácter. Tenemos que
buscar sanidad en la oración, la Palabra y el sano consejo de gente sabia.
Tenemos, también, que vivir siempre vigilantes, atentos a esas fallas que
posiblemente nos acompañarán toda nuestra vida, a fin de resistir esas
tendencias siniestras cuando quieran deformar nuestro comportamiento, y
llevarlas cautivas una y otra vez a la voluntad de Dios.
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